Un 28 de abril a las 2 am.
Lo que había en mi mente en ese momento. Salió esto, no es gran cosa, sólo es. Sólo algunas de las cosas que salieron esa noche.
Anotaciones extremas (un llamado a la solidaridad)
La lista interminable
Caigo, siento mis ojos brillar en el oscuro pozo de mi dolor.
Caigo, mis extremidades no sufren el efecto de la gravedad.
Caigo, mi boca sabe amarga.
Caigo, mi grito se apaga.
Caigo, mi estómago delata el amor no digerido.
Caigo, pero no estoy viva.
Caigo, y es una ilusión.
Despierto.
Ojos
Extremidades
Boca
Grito
Estómago
Vivir
Ilusión
Caigo, siento, sufren, sabe, apaga, delata, estoy, es
Despierto.
Al escribir
En un papel escribí la palabra. Aquella que siempre tiene las letras limpias, tirita de frío, se siente esclava. Pero esa palabra es libre. No sabe que la libertad está en ella. Sueña, canta, grita, llora, ríe, besa, odia, ama. Pero también teme. Teme no ser libre. Pero esa palabra es libre.
Sustancialmente
Ingresé temblando en el umbral. Me abroché el último botón del sobretodo. Miré hacia arriba, vi la luz apagada. Hacía frío. Era muy tarde para volver. Los sonidos nocturnos son aterradores, pero yo no les temía. Yo soy dueño de la noche. Habito en ella como el aire en la vida. Pronto tuve la sensación de que no era realmente así. Me tomó por sorpresa. Apenas me di vuelta cuando me devoró. Fui devorado. Ya no tenía importancia ni el umbral, ni la luz, ni los sonidos. Fui devorado. Me transformé en humores, me transformé en elementos. Soy el elemento. Soy el aire. Soy la vida.
La imperfección de los hechos
La llave no abrió la puerta. Se suponía que debía abrirla. Yo estaba seguro que era la misma llave. ¿Quién me habrá mandado a robar el pan a Ernesto? ahora me acuerdo, fue Victor. El muy atorrante quería un tarado que le hiciera la gauchada. Como muy boludo que soy, me ofrecí sin titubear. ¡Victor y la que te parió! ¡Pero ya vas a ver! ¡Me robo el pan pero no te voy a dar nada!
La llave abrió la puerta. Se suponía que debía girar dos veces, y giró tres. Saqué el pan. Miré en todas direcciones, no sé para qué, no había nadie. Y como muy vivo que soy dejé una nota que decía: “Hola Ernesto, soy Victor. Me robé tu porción de pan”. Me reí mucho, nunca me reí tanto. Victor, te va caer grande esta, te lo juro. Salí sintiéndome un ganador. Cuando llegué a mi casa comprobé que había dejado mi lápiz. Yo, el muy boludo… y como buen boludo, no dejo ningún lápiz sin mi nombre y mi apellido.
El encuentro en el metro
Cinéfilo celebró tener el libro de la sabiduría en sus manos. Lo recorrió con la vista en el metro. No borraba una sonrisa en su cara aún cuando un anciano lo insultó por no darle el asiento. Miró por la ventanilla, estación Verre, debía bajar en la siguiente. Volvió a sonreir cuando el anciano tropezó e insultó a todos mientras bajaba en la misma estación que Cinéfilo.
Al llegar a su casa, dejó el libro sobre la cama. El mono-ambiente tenía el aire sofocante, por lo que necesitó abrir la única ventana que había instalada para la ventilación. Al volverse hacia la cama para leer su libro, no lo encontró, en su lugar estaba el anciano del metro.
Nadie supo de Cinéfilo después que vieron al viejo salir de su departamento. “Él dijo que se iba de viaje” repetía el hombre.
Ana Virginia Lona
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